Siempre he querido decir todo lo que pienso, y he esperado recibir lo mismo.
¿No será la vida así de fácil?
Tropiezo con silencios que son agujas, con palabras que tienen doble filo, con sonrisas que son sólo una media verdad.
Cuando estás delante lo siento claro, puro, limpio como un aire que ya no se encuentra. Cuando estoy lejos y cierro los ojos, vuelven a mi mente tantas cosas que no quiero creer ciertas.
¿No sería tan fácil decir lo que se siente?
Todos tenemos siempre un sentimiento que nos inunda como un mar por dentro. A veces es más claro, otras está confuso.
A veces está en calma y otras es una tormenta.
¿Qué hay de malo?
Ahora que se han ido las nubes y el cielo está despejado, hay un sol que calienta sin abrasar y las olas me mecen sin hacerme daño, veo en el horizonte tantas cosas que otras tormentas no me dejaron ver.
Y lo único que sé es que en este faro vivo yo sola pero la puerta siempre está abierta. También abierta a nuevas tormentas, por no perder lo bueno que pueda entrar.
Pero no uses más disfraces. No conmigo. No me metáis en juegos perversos. No entraré en ellos, porque no los entiendo.
Tengo lo que nuestro, lo que se ve es lo que soy.
Si nunca actué con malicia, si nunca hice daño a traición, ¿por qué merezco una frialdad de metal?
Mal te quiere quién te quiere cuando está mal, para ahogar su llanto en tus olas y cuando aviva tu tormenta se va. Mal te quiere si te reprocha falta de calma.
Es tan fácil malquerer, tan difícil darse cuenta.
Tan egoístas somos que hasta querer lo hacemos desde lo más oscuro del ego.
Me hizo daño el intentar querer como me querían, nunca seré una estratega del sentir ni traficaré con emociones.
Tengo lo que soy, doy lo que puedo. Nunca lo mediré con cuentagotas. Y si me toca perder, pagaré el precio.
Si no creyese que es lo correcto, no lo haría. ¿Tú qué crees?
¿Te molestaría tanto ser un poco más así?
El debate constante entre el estar y el ser. Ser siempre serás tú y nadie más, pero estar, a veces, implica compartir. Cuando encuentras un lugar en el que disfrutar plenamente de tu ser, el estar no puede ser otro que el estar en soledad. No esperas que nadie irrumpa la atmósfera de claridad que se crea ante una revelación de tu propio ser, porque no esperas que nadie que entre en tu ser comprenda hasta alcanzar la certeza el por qué de tantas preguntas que ni siquiera parecen azotar su aire. Un rincón propio no se encuentra en el espacio, quizás sí en el tiempo. Toma las formas más inesperadas y discontinuas; un día es un árbol, al siguiente una película, y en meses no parece querer mostrarse. No puedes hacer nada ante tales momentos de claridad que esperar, andar a tientas dilucidando el camino con tus propios pasos, sabiendo que siempre llegan esos días en los que la tristeza no es más que otra forma de alivio. Y nadie tiene por qué entenderlo, y entonces entiendes que...
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