Cuando resumes en un "poner pegas" a toda una conversación sobre los sentimientos de alguien, hay distintas opciones a elegir, pero todas bastante similares: o no tienes compasión, o no quieres oir, o no te apetece entender o simplemente prefieres creer lo que te gustaría que pasara, crear en tu cabeza tu edición sobre los hechos y bloquear cualquier cosa que pueda derrocar tu castillo de nubes. No ser alguien fácil es un peso, que no te ayuden a soportarlo es una tortura.
El debate constante entre el estar y el ser. Ser siempre serás tú y nadie más, pero estar, a veces, implica compartir. Cuando encuentras un lugar en el que disfrutar plenamente de tu ser, el estar no puede ser otro que el estar en soledad. No esperas que nadie irrumpa la atmósfera de claridad que se crea ante una revelación de tu propio ser, porque no esperas que nadie que entre en tu ser comprenda hasta alcanzar la certeza el por qué de tantas preguntas que ni siquiera parecen azotar su aire. Un rincón propio no se encuentra en el espacio, quizás sí en el tiempo. Toma las formas más inesperadas y discontinuas; un día es un árbol, al siguiente una película, y en meses no parece querer mostrarse. No puedes hacer nada ante tales momentos de claridad que esperar, andar a tientas dilucidando el camino con tus propios pasos, sabiendo que siempre llegan esos días en los que la tristeza no es más que otra forma de alivio. Y nadie tiene por qué entenderlo, y entonces entiendes que...
Comentarios
Publicar un comentario