El sentido de la autodestrucción me invade en los días malos. Últimamente cada día me parece el peor día de mi vida y me vienen a la cabeza pensamientos como: ¿Recuerdas aquella vez hace 6 años cuando te dijeron amargada? ¿Y aquella otra en la que te dijeron fea? ¿O cuando te dijeron que estudiases algo más fácil, que no eras tan inteligente?
Me tropiezo con la piedra, la recojo y la pongo un poco más delante para volver a tropezar.
Y sólo quiero encontrar el valor para decirte cuánta falta me hace que vengas a verme sin avisar, cuánto te pediría un abrazo y cómo me muero por sentirme protegida.
Nada de eso vale, porque soy yo y mi odio hacia mí frente a todo, una vez más.
El debate constante entre el estar y el ser. Ser siempre serás tú y nadie más, pero estar, a veces, implica compartir. Cuando encuentras un lugar en el que disfrutar plenamente de tu ser, el estar no puede ser otro que el estar en soledad. No esperas que nadie irrumpa la atmósfera de claridad que se crea ante una revelación de tu propio ser, porque no esperas que nadie que entre en tu ser comprenda hasta alcanzar la certeza el por qué de tantas preguntas que ni siquiera parecen azotar su aire. Un rincón propio no se encuentra en el espacio, quizás sí en el tiempo. Toma las formas más inesperadas y discontinuas; un día es un árbol, al siguiente una película, y en meses no parece querer mostrarse. No puedes hacer nada ante tales momentos de claridad que esperar, andar a tientas dilucidando el camino con tus propios pasos, sabiendo que siempre llegan esos días en los que la tristeza no es más que otra forma de alivio. Y nadie tiene por qué entenderlo, y entonces entiendes que...
Joder los días con sus memorias, creo que cuando algo nos marca no se va.
ResponderEliminarHay cicatrices que van por dentro, y es fácil quedarse mirándolas cada día
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