Es difícil encontrar un equilibrio en el que te valores sabiendo que no eres especial, que no eres diferente al resto, que también eres prescindible, que el lugar que ocupas es el hueco que dejó otra persona, que no sabes hacer mella. Es fácil decir "quiérete" y es fácil decir "te quiero", pero es imposible sentir que las cosas son reales cuando solo vas dando tumbos entre el ayer y el mañana. Y cómo duele intentar valorarse cuando no vales más que lo que fuiste ni valdrás más mañana, cuando solo eres un grano más en la montaña. Al final solo recojo fracasos aunque siempre mil ilusiones, y se ve que soy la excepción que confirma los refranes. Voy a sembrar tempestades a ver si me llueve y florece algo aunque sea las ganas de irme.
El debate constante entre el estar y el ser. Ser siempre serás tú y nadie más, pero estar, a veces, implica compartir. Cuando encuentras un lugar en el que disfrutar plenamente de tu ser, el estar no puede ser otro que el estar en soledad. No esperas que nadie irrumpa la atmósfera de claridad que se crea ante una revelación de tu propio ser, porque no esperas que nadie que entre en tu ser comprenda hasta alcanzar la certeza el por qué de tantas preguntas que ni siquiera parecen azotar su aire. Un rincón propio no se encuentra en el espacio, quizás sí en el tiempo. Toma las formas más inesperadas y discontinuas; un día es un árbol, al siguiente una película, y en meses no parece querer mostrarse. No puedes hacer nada ante tales momentos de claridad que esperar, andar a tientas dilucidando el camino con tus propios pasos, sabiendo que siempre llegan esos días en los que la tristeza no es más que otra forma de alivio. Y nadie tiene por qué entenderlo, y entonces entiendes que...
Comentarios
Publicar un comentario